Este artículo lo escribí durante la jornada de huelga general del 29 de marzo de 2012. No quise publicarlo por miedo (1). Hoy, más de 4 meses después, lo hago público por vergüenza y por justicia. Y porque me da la gana.

Hoy trabajo, pero no quiero. Soy un esquirol forzoso y forzado. En España hay huelga general, pero temo perder mi trabajo, mis ingresos y mi vida tal y como la conozco.

El empresario, desde que tengo uso de razón, SIEMPRE ha tenido la sartén por el mango. A mi abuelo le maltrataron, a mi padre le maltrataban, y a mi me maltratan. Dinero manda, y los trabajadores somos recursos, números en los informes, ganancias en los apuntes de contabilidad. Y cuando no es así, a la puta calle, no vales nada.

Forges, siempre genial

¿Te sientes orgulloso de lo que haces, de tu trabajo? Al empresario no le importa una mierda. Él solo quiere el dinero que generas. ¿Piensas que con mejores condiciones laborales estarías más contento y rendirías más? Al empresario no le importa, puede ponerte en la calle y otro hará lo mismo que tú en las mismas condiciones de mierda.

Durante muchos años (dicen que 30) se han ganado derechos. Pequeños avances. Mínimos diría yo. Y el presidente-mentiroso Rajoy nos los ha quitado.

Ahora, de nuevo, un empresario o jefe puede acosar a un trabajador o trabajadora, puede joderle la vida, y por último ponerle en la calle gratis. Grandioso.

Dinero manda. Y si no, díselo a los cientos de ex-políticos y sus familiares cercanos, convertidos ahora en asesores de grandes empresas españolas con sueldos astronómicos. Ellos y sus currículums falsos llenos de carreras que nunca aprobaron, ganando cientos de miles de euros al año a cambio de no hacer nada. ¿Nada? No, ya lo hicieron en su momento, leyes ajustadas a demanda, inversiones adjudicadas al mejor postor.

Y mientras el pueblo llano, la clase media que cada día es más baja, intentando llegar a fin de mes y no quedarse sin esa casa que compraron en plena burbuja inmobiliaria y que ahora vale la mitad.

O algo cambia o esto explota. Ya explotó otras veces y rodaron cabezas (literalmente). Veremos cuánto tarda.

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(1) Miedo a que algún jefe o gerente que me lee le sentara mal. O incluso algún director o similar que terminara deduciendo quién soy o encontrando por casualidad este texto en algún rincón de la red.

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