De entre los adjetivos que se me ocurren para este “intento” de banco, creo que incompetente es el que mejor se adapta, aunque se podrían aplicar muchos otros: lento, malo, no serio, y lleno de trabajadores inútiles.

Desde el verano del año pasado, cuando mi mujer abrió una cuenta en uno-e (cosa que, a pesar de ser un banco on-line, tardó en completarse casi 2 meses), cada una de las operaciones que hemos pretendido realizar han resultado un verdadero quebradero de cabeza, ya sea a través del acceso por internet (una basura, enrevesado, lleno de errores y caído continuamente) o a través de la banca telefónica (mala atención, prepotencia y falta de profesionalidad de los operadores).

Si te atraen la ausencia de comisiones o sus ofertas de depósitos o los intereses que ofrecen, piensa primero cuánto vale una buena atención al cliente y un acceso claro y fiable: para mi, desde luego, no compensa. 🙁

(A cualquiera que le interese una detallada enumeración de cosas concretas por las que hago las afirmaciones anteriores, no tiene más que pedirla. Incluídos los inspectores e inversores del BBVA)