Cada día que pasa nuestra hija es menos bebé y más niña. Nos sorprende a diario con nuevas palabras, expresiones, reacciones y comportamientos. Aprende a una velocidad endiablada, y aunque supongo que todos los niños-bebés son así, nos hace sentir tan orgullosos y satisfechos que nos creemos únicos.

Nikita en Ávila

En pocos días iremos de vacaciones al norte, a Cantabria, y Nikita conocerá el mar, y las vacas de cerca, y la arena de playa, y la hierba de los prados… y estoy seguro que le gustará todo tanto como les gusta a sus padres.

Y si nada se tuerce, en octubre volaremos a China, su otro país, y conocerá a sus otros abuelos, y a sus tíos chinos, y también a su querida prima Liang Liang, por la que siempre pregunta cada vez que ve un portátil en las cercanías.

Muchas novedades antes de cumplir 2 años, que serán en diciembre.

Nikita comiendo yogur

De nuevo repito que siento escribir tan poco, pero definitivamente prefiero gastar cada minuto de mi tiempo en Nikita.

No quiero perderme nada, y quiero aprender con ella, porque otra cosa que he descubierto y que ya me pasaba en el grupo scout es que siento que los pequeños me enseñan más que los mayores. Me hacen ser mejor persona, más paciente, menos gruñón (un poco menos solo :-P).

Ah, una última cosa: intentad educar con amor, con abrazos, con palabras suaves, explicando todo, repitiendo y repitiendo, dando ejemplo, reforzando lo positivo, y olvidando los gritos y castigos. Cuesta, es distinto, pero FUNCIONA. Palabra de Akela 🙂