En casi todas las oficinas del mundo existen las dichosas maquinitas del café, los bollos y los sandwich de emergencia. Esas que ponen los jefes para que los empleados no perdamos el tiempo yendo al bar para tomar café o comer, y que reúnen alrededor de ellas a decenas de personas durante toda la mañana.
¿Saldrá hoy el café sin leche, sin azúcar, o sin palito? ¿Caerá el bollo, me dará el cambio, o estará el sandwich pasado de fecha? Estas y muchas otras preguntas nos hacemos casi a diario en el momento de tensión de usar las máquinas de vending de la oficina (cortesía de Autobar en mi caso). Y la conclusión es que muchas veces terminas sin el dinero, sin el café, sin el bollo, y con un mosqueo que no veas. Y no son algunas veces, no. Son muchas veces.
Que son máquinas autónomas con muchas partes mecánicas y es fácil que fallen lo entiendo. Que a veces se acaba el suministro de lo-que-sea y no pueden estar reponiendo varias veces al día también lo entiendo. Pero que pase todo un mes seguido en que la máquina de café no da “café con leche”, sino un culín de líquido negro, o que una máquina de bollos se atasque cada vez que alguien la usa durante meses, pues como que no parece muy lógico. Señores de Autobar… ¡¡pónganse las pilas!!




Autobar: café con yeso
PUES EN MI EMPRESA A AUTOBAR LES QUEDA UNA SEMANA, MENOS MAL PORQUE EL CAFÉ ES UNA VERDADERA MIERDA Y ADEMÁS EL TIO QUE VIENE A REPONER UN MALEDUCADO…